De la serie Asturies ye Yeyé: I parte
Como empieza a ser tristemente habitual, mi Lammy decidió en el último momento que no quería ir a la concentración. Así que me acoplé de paquete en una Vespa T5
Kamikaze que le habían dejado a otro lambrettista. Cargamos los bultos y nos pusimos en ruta a Vitoria. Tras una parada para comer antes de llegar a Somosierra, descubrimos que el cacharro que nos transportaba era un puto cohete.
El viaje continúo sin novedades reseñables, con paraditas de descanso, cigarro, fritatas, meadita y estiramiento articular. En Burgos, una más larga, merienda incluída, y la frustración de no ver la catedral, gracias a un urbanismo delirante que nos lo impidió. A partir de aquí En Pancorbo, un poco más de ropa, que empezaba a refrescar, y llegada a Vitoria. Muy tranquilito.
Tras un día de descanso haciendo turismo en Gasteiz, que ya se estaba preparando para las fiestas de la Blanca, el jueves por la mañana nos juntamos con otros scooteristas alaveses, y un par de Aragón. Nos pusimos en ruta a Bilbao para unirnos a los contingentes vizcaínos y guipuzcoanos, y demostrar con quien se estaban jugando las lentejas a más de una 200. Y así transcurrió un viaje entre mar y montañas. Eso sí, con paradita en San Vicente de la Barquera para reponer fuerzas al lado del mar. Un saludo a los del Euskadi y Azkorri SC y maños, con compañeros de viaje así, da gusto ir a cualquier sitio. Y sobre todo a G-Ramón, a ver si te veo pronto luciendo esos cófanos en la Lambretta.
La scooterada propiamente dicha
El viernes me resultó imposible acudir a la primera salida por causas de fuerza mayor. Una pena. Pero el sábado allí estaba a las 11:30 en la plaza del Marqués, donde se encontraban scooteristas llegados de todos los puntos de la península, e incluso dos Lambretta llegadas de las Islas Británicas. Recogí la bolsa de la inscripción, con camiseta rosa que era más
freak que la azul

. Salimos con la segunda tanda, y nos reagrupamos en un bar que estaba en alto y desde el que se disfrutaban de unas vistas muy buenas, pese a la chimenea industrial que se divisaba en el valle.
Discurrimos entre unos paisajes acojonantes, entre el verde de las montañas y el azul del mar. Estas cosas impresionan a un mesetario como yo. Daba gusto ir mirando a los lados, porque se mirara hacia donde se mirara, el espectáculo era impresionante. Creo que no se me quitó la cara de embobamiento en todo el día. Además, la falta de sueño no contribuyó en nada a hacerme inmune a estas recien descubiertas sensibilidades paisajísticas. Merece la pena pasear desapacio y respirando el aire por estas tierras, aunque para ello haya que hacer 700 Km de viaje. (Cómo si quieren ser el triple, esto merece eso y mucho más).
Luego nos esperaba una comida en un Llagar, rodeados de barricas de sidra, que creo que satisfizo los estómagos más exigentes. Yo me puse tibio de queso, vino, chorizo y jamón. Claro, que al final la física es exacta, y se cumplió la fórmula:
Una buena comida+
falta de sueño=
siesta. Se agradece un hacer la digestión con un sueñecito en la hierba debajo de un manzano

.
Al final, la competición del cuarto de milla, en una especie de aparcamiento, donde la Vespa
Kamikaze pudo haber dado una lección, que una mala salida frustró en la segunda ronda. Las 200 preparadas dieron un gran espectáculo, y las carreras Vespa vs. Lambretta, lo más. Un buen colofón al paseo.
Es digno de mención la impresionante organización que hubo, con una moto adelantada en los cruces para evitar que se perdiera alguno.
Gracias a los del
FBATS por una scooterada de lujo. El año que viene repito, pero con mi moto

.