Con la quemazón de no haber podido verlos, y como somos así de espléndidos, nos liamos la manta a la cabeza y nos pusimos de camino a Valencia para ver a los Slackers. Tras un viajecillo no muy largo alternando entre ska, reggay y rompepistas de la Motown, nos presentamos en la capital levantina. Impresionantes las típicas pintadas de colegio de
Fulanito quiere a Menganita, pero en proporciones colosales. Imaginad kilómetros enteros de cosas de éstas, con letras del tamaño d eun autobús, y os quedareis cortos. Eso, y que parecía Mossul con tanta explosión. Curioso, de verdad. Comida obligada, donde tuvimos el dudoso placer de degustar una paella mal recalentada peor que la de los chiringuitos de guiris de Madrid y las
peores patatas bravas que haya probado en mi vida.
Sesión de Superman III en el hotel, y consiguiente anotación en el panfleto de las sugerencias para que pongan en abierto el canal de las golfas, un ratito para que se pongan monas las chicas, y algún que otro chico. (No quiero suspicacias que yo fui con lo puesto).
El pueblo donde se iba a celebrar, Sedavi, estaba al lado del hotel, pero como eso nosotros no lo sabíamos, fuimos con tiempo. No nos costó mucho dar con el garito y recoger las entradas. La gente de la organización estuvo amabilísima. Fuimos dando tumbos de bar en bar, hasta que al lado de la vía del tren, que pasaba por mitad de la calle (!) , nos metimos en uno que nos habían indicado. ¡Cual sería nuestra sorpresa cuando vimos que en la cocina estaba la mismísima María Jiménez! Sí chavales, por lo visto, andaba allí agobiada de sus líos de pareja con
el Estudiante, los duetos con Sabina y los fiestorros.
Hablamos con gente de Breda y despachamos cuantas jarras entraron. Cuando vimos que los Slackers terminaban de comer, y tras apurar nuestras bebidas, fuimos al local, donde tuvimos una espera amenizada con ska, y solo ska. Ni reggay ni rocksteady ni nada, solo ska.
Salieron los Slackers, y empezaron a desgranar su repertorio, pero con la peculiaridad que era el teclista el que cantaba. No solo eso, sino que lo hacía muy bien. Mejor que la anterior voz según mi opinión, y según también la de muchos con los que hablé del tema.
La sala no tardó en llenarse de concurrencia de todos los pelajes. La gente bailaba (
sic.) sin parar. A los que solo conozcan Madrid les extrañará ésto, como me extrañó a mí, pero
¡no había pogos! Si amigos, comprendo que os resulte increíble, pero lo ví con estos ojos que se ha de comer la tierra. La gente era respetuosa y bailba. Como lo leeis, bailaba. Animados por la coyuntura, nosotros no quisimos ser menos y bailoteamos hasta la extenuación.
El peculiar estilo del bajista me llamó vivamente la atención. La caja reposando en un taburete y tocándolo a modo de contrabajo. Muy efectista. El resto en su línea. La de unos señores músicos que dominan sus respectivos instrumentos y hacen que las piernas adquieran vida propia.
Así dos horas o más, con el público en la mano, el sector madrileño por lo menos. Desconozco lo que ocurrió en el Gruta '77, pero dudo mucho que aquello superara lo de Valencia.
Después sesión más surtida, con un hueco para la Motown y todo, que con lo de los Inciters andamos preparandonos psicologicamente, algunos desde hace años. Concienzudo que es uno, oye. Se echó en falta el Johnny Reggae versión Piglets, que TRMC nos ha enviciado cual hombres de los caramelos en la puerta de un colegio. La otra de rigor,
Skinhead a Bash Them sí cayó.
Pero como todo lo bueno se acaba, empezó a pinchar un tipo de gafas, el dueño por lo visto. Empezó rebajando con temas
2 Tone, pero luego atacó a saco, y se lió a poner Ska-P, y el Comerranas, y os podeis imaginar que más. Que ponga Barricada tiene un pase, ¿quién que tenga pueblo no ha increpado con un "¡Barricada o al pilón!" a la orquesta que ameniza la verbena del lugar en alguna ocasión? Por esos recuerdos impagables se perdona. Los Kortatu también. Me gustán, ¿algún problema?
El caso es que fuimos a decirle al tipo que qué es lo que pasaba. Cito su respuesta textualmente:
"La fiesta ya se ha acabado y éste es un garito jevi". Lo de que la fiesta se había acabado se hizo evidente en cuanto entró el sujeto este en la cabina. Pero bueno, si lo que quería era tener un local lleno de jevis quietos como pasmarotes, y que se fuera la gente que bailba, es su problema.
Nos volvimos al hotel y ahí dejamos al del local con su museo de cera particular.
Lo siguiente fue arramblar al día siguiente con el buffet del desayuno, hacernos con cepillos, pasta de dientes y demás complementos, y volver al Foro con las Supremes, las Vandellas, y los Bravos.
Por ahora, el mejor del año.
(Las fotos buenas, cortesía de Borja Bluebeat)