Me presenté a mi bola, sin saber muy bien que me iba a encontrar. Afortunadamente, iban tambien unas coleguis, y el panorama mejoró bastante. Pues con el percal de esa guisa, comenzó el asunto.
Todo el concierto fue una fiesta continua, dando un repaso a toda suerte de sonidos negros fiesteros, desde versiones de
Skatalites al más puro sonido Nueva Orleans, incluyendo en el repertorio un
When The Saints Go Marchin' In que llevó al delirio, y a mí, particularmente, a hacer mi imitación
sui generis de Louis Armstrong.
Pese a algún problemilla técnico, (que ya no hacen los parches de los bombos como los de antes), la cosa discurrió fluída, y muy bailonga.
Son dignas de reseñar la clase magistral de claqué y las bailarinas del vientre, que a mas de uno debieron hacer babear.
La nota negativa la dieron unos malnacidos que robaron la donkey de una coleguilla, con el móvil dentro. Menuda gentuza.